Colegio Parroquial: Made in Italy

9 05 2008

Hola, mis queridos y aguerridos lectores. Hoy, en este espacio recientemente inagurado (es inagurado o inaugurado?), me dispongo a tratar y recordar uno de los iconos futboleros de la muchachada que en los años 90 se dejaba la epidermis de las rodillas impresa en los infernales pavimentos de las pistas de futbito de los colegios, intentando emular a sus ídolos, tales como Butragueño, Maradona, Fernando, Romario o Oliver Atton. Os hablo sin duda alguna del SUPER TELE. (perdon por los píxeles pero no he encotrado nada mejor)

Seguro que todos recordáis con entrañable nostalgia ese objeto esférico de textura plasticosa, relleno de aire, con esos pentágonos impresos de forma estratégica, para simular un balón de cuero. El Super-Tele era el Adidas Tango de diario, era el sustento deportivo de los más humildes, el balón oficial de la F.F.P.C. (Federación de Fútbol de Patio de Colegio).

Gracias a estos balones, se podían jugar multitud de partidos simultáneos en la misma pista de futbito, ya que según por el estado en que se encontraba el balón, tenía unas características cinemáticas bien diversas.

La primera fase era cuando estaba hinchado a tope, cuando estaba acabado de “coger”. Se podía diferenciar por el sonido que hacía al botar, que era algo como un “Piiiinngg”. En este estado, hasta los más tirillas de la clase podían realizar super-tiros al más puro estilo Mark Lenders, ya que debido a su peso, a su forma huevil en ciertos casos, dicho balón trazaba unas trayectorias irracionales, con una velocidad casi supersónica, dejando a las leyes físicas en ridículo , y al portero de turno con cara de tonto. En esta fase, el juego era en mayor parte aéreo, ya que mantener dicha “Bufa” en el suelo era una tarea ardua.

La segunda fase era cuando estaba un poco deshinchado, que era cuando sus características lo hacían perfecto para el juego. “Ara está bò”, se solía decir en esta fase. Con la pérdida de presión, el Super-Tele ya tenía unas características más racionales, atendiendo un poco más a las leyes físicas, aunque el trazar trayectorias rectas, y conservar su velocidad endiablada, hacían de él un arma arrojadiza de gran devastación. Más de uno, debido a los partidos simultáneos, ha visto impactar en su rostro desprevenido un esférico de esta clase, con el efecto de la aparición de una roncha roja en la cara, y la consiguiente burla de los compañeros de equipo. Si el balón estaba sucio de barro las burlas aumentaban de forma exponencial. En esta fase el juego era aereo-terráqueo al 50-50, ya que respondía un poco a la voluntad del jugador.

La tercera fase, y la peor de todas, era cuando estaba deshinchado del todo y su diámetro oscilaba entre 20 o 25 centímetros. De esta fase es propia la imposibilidad de hacerlo botar, y lo blando que se volvía el balón, pudiéndose pellizcar con la mano y lanzar al adversario con suma precisión. No cabe destacar mucho de esta fase, sólo que la mayoría de las veces acababa lanzado a los exteriores del patio del colegio de forma expresa por alguno de los abusones del mismo (alguno de los hemrmanos Marchirant, Paco el Bohuero, etc…), normalmente acompañado de un mensaje de repulsa referido a las características del balón. Sería algo como “Menuda merda de balò!!” o “Ves i disli a ta mare que te’n compre uno nou”, todo ello acompañado del super-chut con destino al río, que mandaba al Super-Tele a tomar viento fresco.

Que hubiera sido de las tardes en los parques y de los patios en los colegios sin este divino ítem, estrella de los sacos de bautizos y objeto indispensable en las fiestas locales? (Véase “Parells” para más info). A veces, o por lo menos, hace unos años, muchas veces, las cosas más sencillas eran las que más diversión nos daban. Quien es el valiente que se abstiene de darle un chut a un Super-Tele si se cruza en su camino? Yo no lo puedo evitar.

Ale. Hasta aquí el episodio de hoy. En próximas entregas, la equipación deportiva de mercadillo.


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Un comentario

10 05 2008
eljose

Lo imprevisible de la trayectoria del balón Super-Tele propicia otra cruel diversión que consiste en burlarse del señor mayor (hoy en día yo mismo soy un señor mayor para los niños de los patios), que trata de devolver el balón que se ha ido fuera de la valla chutando y que en el 90% de los casos requiere un segundo chut y una aproximación bochornosa a la valla para no volver a fallar.

Yo la verdad es que no era mucho de jugar a fútbol, prefería la pareteta o pasarme un semicírculo de paredes inclinadas aprovechando la fuerza centrífuga de la carrerilla. Paredes que un genio de la arquitectura colocó en el patronato justo en la escalera de salir al patio.

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