El número once

14 11 2008

Esa tarde de domingo de 1963 hubiera sido igual que el resto, si no hubiera sido porque era la final de la liga de Institutos de rugby. Maryland y North Carolina medían sus fuerzas. Perdiendo por 21 a 26 el equipo local, a falta de un minuto para el final del encuentro, y con el balón a 19 yardas del end zone, Thomas, quarterback del equipo de Maryland, se dispone a organzar la jugada que le llevará directo a una universidad, con una beca, pero para ello, se debe asegurar que todo saldrá tal y como está ensayado.

- Está claro? Está todo jodidamente claro?…    Tiene que salir todo perfecto!! Vamos a hacer primero un par de engaños para confundir la dirección, después movimiento del thight end hacia la derecha, y cuando me escuchéis decir “tluaner” empezamos la jugada. Yo correré hacia la izquierda en un Rollout, y tú, McNick, le ganas la espalda al cornerback de Carolina. Peter y Garrett se encargan de despejar el pasillo para que McNick pueda correr tan rápido como pueda. Esta claro!!…  ESTÁ CLARO!?!  Pues vamos!! A por ellos!!

Con las gotas de sudor corriendo por su frente, Thomas agacha la cabeza detrás de su center. A la orden de empezar la jugada, todo el equipo se pone en movimento como un en un ballet coreografiado donde cada uno tiene un papel determinante. Después de un par de engaños, grita con todas sus fuerzas la palabra secreta acordada…  ¡¡TLUANER!!. Su voz suena fuertemente, instantes antes de soltar en balón en un pase perfecto. Nada más soltar el cuero, es derribado por dos jugadores rivales, pero no siente el dolor, porque, en ese mismo instante, todo lo que Thomas es, y todo lo que Thomas quiere viaja en ese balón. De repente, millones de pensamientos viajan por su mente a una velocidad desorbitada. Sabe que si ese balón llega a su destino, las puertas de la universidad se abrirán para él, Pero también sabe que su padre necesita un trabajador para el ganado, y sabe que su destino, si ese balón no llega, está allí. El tiempo se detiene para el quarterback de Maryland, y puede ver girando el balón hacia la zona de end, donde, en teoría, debería de estar McNick ya, corriendo para anotar. Rapidamente, Thomas consigue girar la mirada para ver como derriban a su jugador, al tiempo que articula un grito que seguro resonará su cabeza durante mucho tiempo. – No puede ser, no puede ser- repite continuamente, mientras ve que el cronómetro llega a cero. Los jugadores de North Carolina se abrazan y lloran, mientras el equipo de Maryland piensa en lo cerca que han estado. De camino a la ducha, Thomas anda divagando en su trabajo en el taller, y lo poco que desea estar allí.

Ya en las duchas, nadie habla, nadie ríe, excepto él, que maldice con todas sus fuerzas, a la vez que golpea la pared de los vestuarios con violencia. Mira con rabia la camiseta roja de Maryland, con su nombre y con un gran número 11 dibujado. La lanza hacia el suelo y rompe a llorar. – No te pongas así- le dice uno de sus compañeros.
- Que no me ponga así? Que no me ponga así? Todos aquí tenéis algo que hacer después de esto. Tú, Peter, vas a estudiar en Yale, como tu padre. Y tú, McNick, podrás vender coches en el concesionario de Plymouth de tu tío, e ir todos los dias con traje y zapatos. Pero, que me espera a mí? Eh? Os lo voy a decir… A mi me esperan las vacas y los toros, el darles de comer, recoger su mierda, segar el trigo, y ponerme un mono mugriento mientras los callos se acumulan en mis manos. No me digáis que no es para tanto!! Hoy había alguien de Princeton mirando el partido, y me dijo que si lo hacía bien, tendría un puesto en el equipo. Ahora, que me queda?? Me queda esta camisa roja con un once en el pecho para recordar mi fracaso, y una estúpida palabra secreta que se le ocurrió al bobo de Mick. “tluaner”, que coño significa “tluaner”?… Sabéis que significa? Significa mi fracaso. Cuando estéis sentados en vuestras butacas de piel, recordad esa palabra, y acordaros del bueno de vuestro amigo Thomas, que estará cuidando de las vacas.

Después de estas palabras, Thomas salió por la puerta como una exhalación, mientras el silencio, mancillado por el ruido de las duchas, se apoderaba de los vestuarios.

- Que no es para tanto… que no es para tanto… que coño sabrán ellos si es para tanto… – Decía Thomas de camino a la vieja camioneta de sus padres, la cual necesitó de un par de intentos para arrancar, antes de dejar una espesa nube negra en el campo a la hora de salir.-

-Sólo había que hacer bien la jugada!! Solo era eso!!… Mierda!!  Mierda!!…  Además, “tluaner”… vaya mierda!!  Joder!!.

Mientras conducía a toda velocidad hasta la granja de sus padres, no podía dejar de mirar el once impreso en la camiseta roja que permanecía en el otro extremo de la camioneta. – Vas a estar ahí siempre, no?, recordándomelo…  eh?!?. Pues sabes que??!!  Que aquí te quedas!!.

Cogió la camiseta, y la arrojó por su ventana, pero ésta se quedó enganchada en el retrovisor. Cuando Thomas sacó el brazo para soltar la camisa, ya era demasiado tarde, pues ya tenía encima el coche que venía por el otro carril. Cuando la policía acudió sólo pudieron ver la vieja ford tumbada en el arroyo que circula al lado de la carretera, y a Thomas, inmóvil, dentro de ella. Tenía una camiseta roja en la mano, con un gran número 11 impreso.

Cuentan los viejos del lugar, que el año siguiente, mientras el equipo de Maryland entrenaba, algo extraño pasó en el campo, pues aparecieron todos muertos. Algunos dicen, que cuando llegaron las primeras ayudas, aún había alguien que permanecía vivo, y que solo repetía unas palabras sin sentido antes de dar el último aliento. “Once”, “Un coche rojo” y “Tluaner” eran las únicas cosas que se pudo entender de lo que decían. Nunca se ha sabido como murieron todos ellos, pero algunos, sólo algunos, dicen que fué Thomas el que pasó por allí para vengar su muerte.





Lucio Fulci

12 11 2008

Hola. Que tal? Como hace tiempo que no escribo por aquí, creo que la mejor manera de recordar como se hacía, es soltar un rollazo de algo que a mí me interesa, pero que a vosotros no tiene porqué hacerlo, aunque es mi intención en un principio. A ello.

El capítulo que hoy vais a leer trata sobre uno de los directores de cine de terror europeos que más polarización ha creado en los años 70 y 80. Os hablo de Lucio Fulci. Si buscáramos algo parecido actualmente, posiblemente, lo más similar sería Tarantino. O lo amas, o lo odias. Sin entrar demasiado en detalles os diré que Lucio, nacido en roma en el 1927, fué uno de los directores más prolíficos de Italia en los años 60 y 70. En los inicios de su filmografía podemos ver algunos westerns, y otras películas de lo que se acuñó en italia como “Giallo”, que no es otra cosa que la semilla de los filmes tipo serial-killer que tanto gustan en los USA. No obstante, a Fulci le llegó el éxito con las películas de zombis y terror, género que irrumpió con fuerza en los cines de todo el mundo a finales de los 70, debido, en gran parte, a las películas que otro maestro del cine de terror, George A. Romero, producía en las américas.

En 1979, en el estreno de Dawn of the Dead, su productor, Darío Argento (el cual voy a pasar de largo, porque bien merece una mención aparte), decidió estrenarla en Italia como “Zombi”. Es aquí cuando Gianfranco Couyomdjian, Ugo Tucci y Fabrizio de Angelis, productores italianos, con gran vista de lo que podía ser un filón en las taquillas, “adaptaron” lo que eran las películas de zombis al estilo romero, y encargaron su proyecto a Fulci, que aún copiando la idea original de dichas películas, consiguió darle un carácter personal. Con un poco de cara, todo sea dicho, titularon a su película “Zombi 2″, aún no teniendo nada que ver con la anterior. Esta “apropiación” de título, hizo que Argento y fulci tuvieran una serie de desavenencias.

Eeeesto, que estaba diciendo? ah si. Que todo el rollete éste es para deciros que tenéis que ver tres películas que “inoficialmente” podriamos llamarlas como “La trilogía de las puertas del infierno”. Todas ellas hechas por Fulci, evidentemente. Para que conozcáis un poco el estilo del director italiano, decir que es uno de los directores que más utilizó recursos gore y ultraviolentos en su época, y que sus películas, consecuentemente, fueron prohibidas en multitud de países, o recortadas de forma severa. Si hay una característica que define todas sus películas es su tratamiento de la cara y los ojos. Si en alguna escena, ves que se destroza alguna cara, y se mutilan los ojos, probablemente, estás viendo una película de Fulci.

Ah, por cierto, no os voy a contar de que van. Mejor las veis.

Vamos con la primera. “Pánico en la ciudad de los muertos vivientes”.

A continuación, la que a mi parecer, es la obra cumbre de la obra del director, “El más allá”

Y para terminar, “La casa al lado del cementerio”

Me gustaría destacar que las bandas sonoras de las películas de Lucio, corren a cargo de Ennio Morricone, en lo que serían los giallos y westerns, y de Fabio Frizzi en el género de terror. Ahí es nada. Tal vez algún día hable de Fabio Frizzi, el que para mí es uno de los mejores creadores de BSO del género de terror.

Saludos.








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