Dentro de muy poco III

14 01 2008

– Parece que ya están en la puerta de la calle. Las maderas que he puesto harán algo posiblemente. Creo que es el momento. – Decía Jose María mientras abría el pequeño armario del baño y cogía un frasco.
– Gracias por todos estos años de matrimonio. Hemos conseguido crear una buena familia, una familia honrada. Espero que nos podamos encontrar cuando nos vayamos de aquí
– Yo también te quiero, y te buscaré hasta que te encuentre.- Dijo Lourdes, su mujer.

Todo fue muy raro desde que empezaron a salir las noticias en la tele. Recomendaban a todo el mundo tener mucha precaución, pasar todos los controles de esterilización del ejército, pues parece ser, que una infección de origen un poco extraño se estaba propagando por la población. No obstante, la gente estaba ya muy acostumbrada al sensacionalismo de las noticias, y hubo quien no hizo demasiado caso, esto es como lo de la gripe aviar, dijeron algunos. Otros muchos, los más mayores, los que habían pasado la guerra, se agolpaban en las puertas de los comercios para almacenar todo tipo de víveres en forma de conservas y alimentos deshidratados. Jose María era conocedor de la verdad, sabía porqué estaba pasando todo esto. Permitir abortar a las mujeres, consentir el matrimonio entre personas del mismo sexo, constantes ataques a la familia, la juventud descontrolada en manos de las drogas y el libertinaje… Si hasta su propia hija le había insinuado que se quería ir en vacaciones de pascua con un tal Javi a la playa de Gandía! Su señor, su dios, era comprensivo, pero tantas faltas y pecados tenían que desembocar en algo grave. Esto no era sino una plaga enviada desde los cielos para castigar a la humanidad por cometer tantas atrocidades.

– Sabía que este día llegaría, pero pensaba que no iba a ser tan pronto. Pensaba que podríamos confirmar a Mercedes. – Decía Jose María mientras vaciaba unas cápsulas en cuatro vasos de leche.
– Tranquilo Jose María, has criado unos buenos hijos, y seguro que nuestro señor los acoge en su seno.- Decía Lourdes mientras caminaba hacia el salón, donde estaban reunidos ya Mercedes y Lucas, alrededor de la mesa.
– Venga niños! Como os vengo diciendo estos días, ha llegado el momento de hacer ese largo viaje del que os he hablado.
– Donde vamos papá?- Decía Lucas, el pequeño de los dos hermanos, al tiempo que los golpes en la puerta de la calle del edificio se hacían más intensos.
– Ya os he explicado que vamos a hacer un largo viaje, y vamos a ir a un sitio donde vamos a estar muy bien, muy tranquilos, y donde los condenados que vagan por las calles ya no estarán.
– Yo no me quiero ir, todos mis amigos están aquí, estas pascuas vamos a ir a Gandía! No me voy a ir a ningún sitio! Prefiero quedarme en casa la abuela!- Al tiempo que Mercedes decía esto, ya se oían pasos en la escalera, y los primeros golpes en la puerta de los vecinos de abajo.
– La abuela seguramente ya estará en el lugar allí donde nosotros vamos- Dijo Lourdes
– Venga, ha llegado el momento de marcharnos, pero antes nos vamos a tomar estos vasos de leche y vamos a rezar un poquito, vale?
– Papá, que son esos gritos que se escuchan por debajo?
– Nada Lucas, nada. Venga, tómate tu vaso de leche.
– A mi no me apetece ahora un vaso de leche!
– Mercedes, hazle caso a tu padre y tómate el vaso de leche.

Cada vez los pasos por la escalera eran más cercanos, y los gritos más desgarradores. Cuando parecía que los ruidos habían cesado, se empezaron a escuchar golpes en la puerta de Jose María. Cada vez se oían de forma más continuada, y con más intensidad.

– Papá! alguien llama a la puerta! Voy a ver quien es?
– No, Lucas, termina ya tu vaso de leche. Hijos, quiero que sepáis que vuestra madre y yo os queremos mucho. – Decía Jose María con serenidad mientras Lourdes dejaba ver unas contenidas lágrimas.
– Que pasa mamá? Me encuentro mal…
– Nada, Mercedes escucha a tu padre, por favor.
– Venga, repetid conmigo, Creo en un solo Dios, padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible… – Mientras Jose María decía estas palabras, Mercedes apoyaba su cabeza en la mesa, cerraba los ojos, y Lucas empezaba a irse de costado hasta que su cuerpo descansaba sobre la espalda de su hermana. Los golpes en la puerta se hacían más y más fuertes, y un murmullo donde se intuía una decena de personas o más se hacía presente.
– Lourdes, te quiero.
– Y yo a tí.- Decía entrecortadamente Lourdes con los ojos casi cerrados antes de que su cabeza se echara para atrás.
Jose María se sentó como pudo en la silla, ya que tenía ya muy nublada la vista, apretó con fuerza su rosario y continuó con sus palabras, mientras los golpes dejaban paso a un sonido de madera astillándose.
– Y resucitó al tercer día, según las escrituras, y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre, y de nuevo vendrá con gloria, para juzgar vivos y muertos, y su reino no tendrá fin…..

Cuando los infectados entraron por la puerta, Jose María ya estaba en el suelo, con lo que desgarrar su cuerpo fue una tarea fácil. Mientras unos cuantos se peleaban por el pequeño de los hermanos, la sangre de alguno de ellos manchaba un libro abierto que descansaba encima de la mesa. En el hueco que la sangre dejaba ver, se leía: “Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro. Amén.”

Inspirado en Dentro de muy poco

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3 responses

14 01 2008
eljose

Eso es, no puede faltar la escena de suicidio colectivo.

Me congratula que retomes el blog y que lo retomes con una referencia al mio, pues más.

7 12 2008
darcerapulircera

Muy bien Jaime pero… No se si sabes que el suicidio es, para los católicos, un billete en primera clase para el infierno, dudo mucho que una persona tan creyente llegue a ese punto por muy extrema que sea la situación.

21 12 2008
Uno muy listo

Por lo poco que sé, el autor del texto es un ignorante en cuanto a teología se refiere. Más valdría informarse antes de escribir cualquier cosa.

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