Dentro de muy poco V

22 01 2008

El IV lo podeis encontrar aqui.

Empezaba un nuevo día para Emilio. Desde hacía una temporada eran todos iguales para él, pero él era feliz, ya que el trabajo en el campo era la tarea más gratificante que conocía. Desde pequeño, le gustaba ir con su tío a cuidar de las tierras. Es por ésto que cuando llegó el momento de elegir unos estudios, lo tenía claro. Sabía que existía una FP de especialidad agrícola. Para cuando terminó, ya tenía guardado un puesto cuidando de las tierras de la familia de la mujer de Enrique, el hermano de su padre con el que iba de pequeño. La mujer de Enrique, venía de una familia bien posicionada, y tenían muchas tierras, pero al no tener hijos, y tener los dos un buen empleo que los ocupaba totalmente, él era la persona de más confianza y más cualificada para ésta tarea.

Hacía un par de semanas que no bajaba al pueblo, ya que allí había una buena casa en la que quedarse. Había decidido no bajar a ver a sus amigos porque quería estudiar para el carnet de moto, y tampoco quería gastarse dinero, ya que una vez tuviera el carnet, ya tenía mirada la que quería comprarse. Así que se había aprovisionado de comida, y con lo que daba el huerto, iba tirando. Aunque decidió que después de comer bajaría a ver a su madre, a comprar un poco, y a ver a su hermano, al que le había pedido que le bajara de internet algunas películas de artes marciales, con las que Emilio amenizaba las solitarias noches en el campo, ya que allí arriba no tenía antena de televisión.

Después de lavarse la cara y tomar un café, cogió el tractor y subió camino arriba, a revisar si el huerto de más arriba se estaba regando bien, y de paso, a ver si los calabacines estaban creciendo como tocaba. Era un día soleado, pero corría una fresca brisa. Un día de esos que apetecía estar al sol. Una vez se encontraba en lo más alto que alcanzaban las tierras, miró hacia el pueblo que quedaba más abajo. Un pueblo tranquilo, apacible, tal vez hoy especialmente quieto, pensó Emilio. Parecía que no se moviera ningún coche. Pero desde allí tampoco se veía especialmente nada.

Después de ducharse y comer, puso una película de Tony Jaa, ya que Emilio era un apasionado de las artes marciales. Cuando se aburría un poco entre naranjo y naranjo, cogía la azada y la blandía como si de una espada samurai se tratara. Había fabricado en un rato un largo palo con una hoz afilada en la punta, con la que jugaba a cortar los matojos que crecían en los bordes del camino. Realmente ya tenía un dominio considerable de dicha rudimentaria arma.

Cuando terminó la película, se subió a su coche, el cual hacía unos 15 días que no arrancaba, y encendió la radio, pero parecía que se había estropeado, ya que no conseguía sintonizar ninguna emisora. -Ya te quieres jubilar?- le dijo a la radio bromeando, mientras los números de la frecuencia continuaban rastreando de forma ininterrumpida. Iba hacia la gasolinera a repostar, y de paso, comprar alguna bebida fresca. De camino, la radio se paró en una frecuencia, en la que, con mucha dificultad se escuchaba a alguien diciendo algo sobre la prisión, y que se estaban acabando las municiones.
Una vez llegado a la gasolinera, se encontró con otro coche delante del suyo. Él era una persona paciente, pero 10 minutos esperando a que el propietario del coche de delante saliera de dentro era mucho incluso para él. Así que bajó dispuesto a entrar dentro de la gasolinera para ver de quién era el coche. Empujó la puerta y entró, pero allí dentro parecía no haber nadie. Sólo una mancha roja, un rastro rojo que corrompía el suelo del establecimiento. -Hola!? Buenas tardes!… Disculpen!… Me puede atender alguien? Parece que se han tomado el día libre.- Volvió a salir y pensó en mover el coche él mismo. Miró primero dentro y vió que estaban las llaves puestas, y en el asiento del acompañante había un periódico que decía en titulares. “La infección se propaga rápidamente, el gobierno traza un protocolo de contención…”. La fecha databa de hacía 6 días. -Estos son los inconvenientes de estar aislado, que no te enteras de nada-. Todo aquello era muy extraño. Quitó el freno de mano del coche, y lo empujó hacia delante, lo suficiente para que la manguera del surtidor llegara a su coche. Mientras llenaba el depósito, encendió su teléfono móvil, pese a las advertencias de los carteles -Que puede pasar?-. “Sin red” aparecía en la pantalla. Menos mal que parecía que alguien salía de detrás de la gasolinera. Cerró el tapón del combustible y preguntó. -Disculpe! Es suyo el coche? Oiga??- Aquel tipo parecía no inmutarse. Probaría a acercarse para ver si conseguía hablar con él. Cuando estuvo detrás, le dió unos toques en la espalda. -Perdone, caballero… oiga…- Nada más oír esto, éste se giró, abalanzándose con violencia encima de él, y dejando ver un rostro desfigurado, y manchado de algo que parecía sangre. De pronto, se vió en el suelo con aquella persona o lo que quiera que fuera encima de él, gritando de forma incomprensible. Pudo deshacerse de él con un empujón, y se puso de pie enseguida, pero su improvisado adversario volvió a arremeter, aunque Emilio lo tumbó otra vez, de un buen golpe, como tantas veces había visto hacer en las películas. Aquella persona se quedó en el suelo, temblando de forma espasmódica, pero él no se lo pensó, corrió hacia su coche, arrancó el motor y dió media vuelta para salir rápido de allí. Antes de que hubiera hecho la maniobra, ya tenía otra vez a ese tío intentando romper la luna del coche para entrar a él. Entonces pisó el acelerador a tope y vió como su nuevo amigo se hacía pequeño por el retrovisor. Mientras retomaba el aliento, y asimilaba lo que le acababa de pasar, pensó donde debía de ir. Tal vez lo mejor que podía hacer era volver a la casa, coger la hoz con la que tanta destreza tenía y ir a su casa para ver si encontraba a su hermano y le explicaba que demonios estaba pasando.

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13 05 2008
Dentro de muy poco… « ElGranJou

[…] Dentro de muy poco… 13 05 2008 Después de enterarme de esta noticia (2), lo primero que me vino a la cabeza fue esto… […]

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